Autor: Ignacio Solsona sábado, 25 de marzo de 2017

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El empresario manda, y también mandan los trabajadores delegados por el empresario para realizar funciones de dirección e impartir instrucciones al resto de trabajadores.

La desobediencia de las órdenes o instrucciones, como una actitud abierta y enfrentada a quien está impartiendo órdenes, ya sea el empresario o un trabajador delegado por éste, es una infracción que puede comportar sanciones contra el trabajador o incluso el despido disciplinario, dependiendo de diversas circunstancias, especialmente la gravedad y la reincidencia, y los perjuicios causados a la empresa.

Por indisciplina, puede comprenderse el incumplimiento de las obligaciones del contrato de trabajo, consciente y voluntario por parte del trabajador. E igualmente supone una conducta sancionable de acuerdo a la gravedad de la indisciplina cometida.

Claro que no toda conducta de desobediencia o indisciplina, pueden comportar el despido disciplinario, y en este artículo vamos a analizar diferentes perspectivas sobre este aspecto.

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Incumplimiento de las órdenes empresariales

Son ejemplos de indisciplina, abandonar el puesto de trabajo es una falta de indisciplina, negarse a fichar en las entradas y salidas, o negarse a vestir el uniforme de la empresa.

Por regla general el trabajador está obligado a cumplir las obligaciones de su contrato de trabajo y a obedecer las órdenes empresariales. Si dichas órdenes suponen una infracción en materia laboral, se pueden poner en conocimiento de la Inspección de Trabajo y Seguridad Social.

Existen determinadas situaciones que podrían justificar el incumplimiento de las órdenes por parte del empresario, como en caso de órdenes abusivas o arbitrarias, que vulnerasen la dignidad del trabajador. Tampoco está obligado a obedecer órdenes que supongan un delito penal.

Por ejemplo, NO se considera indisciplina, incumplir la orden empresarial de interrumpir las vacaciones y reincorporarse anticipadamente al trabajo. Tampoco es una falta de indisciplina, negarse a realizar horas extraordinarias (puesto que son voluntarias para el trabajador, salvo que sean para la reparación de siniestros, etc).

La gravedad de la indisciplina o la desobediencia

Para que este tipo de conductas puedan justificar el despido disciplinario, es necesario que se trate de incumplimientos graves por parte del trabajador, trascendentes y perjudiciales para la empresa, y que el cumplimiento se haya cometido de forma consciente y voluntaria por parte del trabajador, y sin ninguna causa justificada.

Es necesario e ineludible evaluar cada caso en particular. Cabe recordar que las infracciones laborales, como son la indisciplina y la desobediencia al empresario, pueden ser amonestadas o sancionadas con suspensión de empleo y sueldo. Solo para los casos más graves, queda reservado el despido disciplinario. Es fundamental graduar bien la sanción que se impone al trabajador (el despido es la mayor de ellas). Un despido aplicado a infracciones menos graves, podría suponer que el mismo fuese declarado improcedente o nulo, con las consecuencias económicas que ello comporta contra el empresario y en favor del trabajador.


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